El cazo de Lorenzo

María se miraba las manos, aún las tenía suaves gracias a las cremas que usaba y a que tenía la precaución de usar guantes para limpiar y fregar los platos. Se acordaba de las de su madre, llenas de nudos y con los dedos un tanto torcidos, como su abuela.
Las suyas no eran así, aunque el dolor era igual de duro. Primero empezó en la rodilla. Visitó a su médico de cabecera, le recetó miles de pastillas pero el dolor continuó. Hicieron pruebas, análisis y radiografías, todo estaba correcto. Después siguió la cadera, sobre todo por las noches se volvía insoportable. A veces, incluso, tenía que levantarse y tratar de caminar para que el dolor dejara de machacarle las entrañas. Le aconsejaron que bajara de peso, eso ayudaría. Adelgazó y los dolores remitieron un tiempo. El pilates fue su salvación. Dicen que son estiramientos y movimientos lentitos, es mucho más que eso.
¡El pilates es vida!
Los dolores no desaparecieron, no obstante ayudó a sobrellevarlos y a tener días estupendos en que se sentía de nuevo ella.
Sin embargo, continuó el dolor, volvía a ciclos como el vaivén de las olas, la última embestida fue la más fuerte, su esqueleto zozobraba por momentos, estuvo una semana cojeando y apretando fuerte los dientes para no llorar.
¿Te quejas mucho? dicen algunos. Tampoco será para tanto se atreven a decir otros. ¿Es lo de siempre no?
María ya no dice nada.
Ha aprendido a vivir con el dolor dentro de ella. Como Lorenzo con su cazo, María carga con sus dolores en una mochila. Hay momentos en que la carga es liviana, otros el lastre se tornaba en toneladas de rocas.
María ya no se queja.

Encierra su suplicio poco a poco, miguita a miguita, en su mochila, hasta que ha llegado un día en que los broches ya no cierran y se desparrama por su alma, su cabeza y su temple.
Ahora la mochila está rasgada, deshilachada y destrozada por el peso cargado.
María tiene que encontrar otra mochila, como Lorenzo para su cazo.

https://www.youtube.com/watch?v=upDli7rcGoI

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