El cazo de Lorenzo
María se miraba las manos, aún las tenía suaves gracias a las cremas que usaba y a que tenía la precaución de usar guantes para limpiar y fregar los platos. Se acordaba de las de su madre, llenas de nudos y con los dedos un tanto torcidos, como su abuela. Las suyas no eran así, aunque el dolor era igual de duro. Primero empezó en la rodilla. Visitó a su médico de cabecera, le recetó miles de pastillas pero el dolor continuó. Hicieron pruebas, análisis y radiografías, todo estaba correcto. Después siguió la cadera, sobre todo por las noches se volvía insoportable. A veces, incluso, tenía que levantarse y tratar de caminar para que el dolor dejara de machacarle las entrañas. Le aconsejaron que bajara de peso, eso ayudaría. Adelgazó y los dolores remitieron un tiempo. El pilates fue su salvación. Dicen que son estiramientos y movimientos lentitos, es mucho más que eso. ¡El pilates es vida! Los dolores no desaparecieron, no obstante ayudó a sobrellevarlos y a tener días estupendos en ...