Cómo pastorear un rebaño de gatos
Un amigo mío comentó el otro día en un chat grupal de whatsapp de esos en los que dejas en silencio permanente, que cuando dejas de mirarlo media hora aparecen 359 mensajes nuevos y que todos tenemos alguno, que conducir a "un determinado grupo de personas" es como pastorear un rebaño de gatos.
La comparación me hizo gracia, pero ciertamente tenía razón e incluso era extrapolable a otro grupo de personas no determinado. Los gatos son individualistas, les encanta tener el control de lo que pasa a su alrededor y, a diferencia de los perros, no muestran abiertamente si necesitan alguna cosa. Pueden quedarse mirándote fijamente a ver si captas la indirecta, pero no te dicen ni hacen nada que pueda adivinar que les hace sentir mal... hasta que ya es demasiado tarde.
Una amiga mía adoptó una gatita negra preciosa, decidió llamarla Bea. Un año después Bea empezó a mostrar unos extraños abultamientos en la entrepierna... y es que Bea resultó... ser Jonás. Pues bien, los dueños de Jonás estaban un poco preocupados, pues Jonás apenas usaba su camita gatuna. La cambiaron por otra más mullidita, le compraron un cojín bien caro, otro vino después y nada. Nunca supieron donde dormía hasta que una tarde, mientras el dueño de Jonás dormía en el sofá se abalanzó sobre él y le arañó la cara. ¿Porqué no dijo nada antes? ¿Porqué no hizo alguna señal de desagrado mientras alguno de los dueños ocupaba el sofá y esperó a que estuviera dormido para mostrar su malestar?
Pues bien, este es el comportamiento de un gato cualquiera. Este era Jonás, pero bien podría haber sido Gardfield, minino, miau miau y un largo etc. Cada uno va a su rollo, sólo se preocupa por su bienestar, ronronea si se le da gustirrinín pero no dice nada cuando algo le molesta, aguanta, aguanta, mira fijamente, lanza indirectas, hasta que ya no puede más y ZAAAAAASSSSS se abalanza sobre su presa.
Este comportamiento de Jonás, no dista mucho del que un adolescente de a pie muestra hoy en día.
He pasado años dedicándome a formación de estos pequeñuelos y creo que todavía falta mucho por saber sobre ellos, al igual que de los gatos. Me fascina como ronronean cuando les das lo que quieren y lo poco que son capaces de trasmitir cuando algo les molesta. No son capaces de solventar algo que les fastidia, que algo se les ponga en el camino o se les atraviese. Aguantan, tragan, mascan y estallan!!!
Es más difícil dar clase a un grupo de adolescentes que pastorear un rebaño de gatos.
Los gatos no son personas, ni las personas son gatos. No podemos pretenter adiestrar a los gatos, ni mucho menos a los adolescentes. Pero algo estaremos haciendo mal cuando los gatos y adolescentes tienen los mismos comportamientos primarios, instintivos y agresivos.
En algún momento estamos perdiendo lo que nos da la condición humana, cuando no contamos los unos con los otros para salir adelante, para apoyarnos, para ayudarnos y sobre todo para saber pedir ayuda.
La comparación me hizo gracia, pero ciertamente tenía razón e incluso era extrapolable a otro grupo de personas no determinado. Los gatos son individualistas, les encanta tener el control de lo que pasa a su alrededor y, a diferencia de los perros, no muestran abiertamente si necesitan alguna cosa. Pueden quedarse mirándote fijamente a ver si captas la indirecta, pero no te dicen ni hacen nada que pueda adivinar que les hace sentir mal... hasta que ya es demasiado tarde.
Una amiga mía adoptó una gatita negra preciosa, decidió llamarla Bea. Un año después Bea empezó a mostrar unos extraños abultamientos en la entrepierna... y es que Bea resultó... ser Jonás. Pues bien, los dueños de Jonás estaban un poco preocupados, pues Jonás apenas usaba su camita gatuna. La cambiaron por otra más mullidita, le compraron un cojín bien caro, otro vino después y nada. Nunca supieron donde dormía hasta que una tarde, mientras el dueño de Jonás dormía en el sofá se abalanzó sobre él y le arañó la cara. ¿Porqué no dijo nada antes? ¿Porqué no hizo alguna señal de desagrado mientras alguno de los dueños ocupaba el sofá y esperó a que estuviera dormido para mostrar su malestar?
Pues bien, este es el comportamiento de un gato cualquiera. Este era Jonás, pero bien podría haber sido Gardfield, minino, miau miau y un largo etc. Cada uno va a su rollo, sólo se preocupa por su bienestar, ronronea si se le da gustirrinín pero no dice nada cuando algo le molesta, aguanta, aguanta, mira fijamente, lanza indirectas, hasta que ya no puede más y ZAAAAAASSSSS se abalanza sobre su presa.
Este comportamiento de Jonás, no dista mucho del que un adolescente de a pie muestra hoy en día.
He pasado años dedicándome a formación de estos pequeñuelos y creo que todavía falta mucho por saber sobre ellos, al igual que de los gatos. Me fascina como ronronean cuando les das lo que quieren y lo poco que son capaces de trasmitir cuando algo les molesta. No son capaces de solventar algo que les fastidia, que algo se les ponga en el camino o se les atraviese. Aguantan, tragan, mascan y estallan!!!
Es más difícil dar clase a un grupo de adolescentes que pastorear un rebaño de gatos.
Los gatos no son personas, ni las personas son gatos. No podemos pretenter adiestrar a los gatos, ni mucho menos a los adolescentes. Pero algo estaremos haciendo mal cuando los gatos y adolescentes tienen los mismos comportamientos primarios, instintivos y agresivos.
En algún momento estamos perdiendo lo que nos da la condición humana, cuando no contamos los unos con los otros para salir adelante, para apoyarnos, para ayudarnos y sobre todo para saber pedir ayuda.

Comentarios
Publicar un comentario