¿Y si cambias de opinión?

Todo el mundo tiene derecho a cambiar de opinión.
Puede apetecerte ir al cine, comprar la entrada, las palomitas... pero en el último momento decidir tirarlo todo e irte de paseo a la playa.
Puedes irte a comprar una chaqueta, probártela, tocarla, olerla, sentirla... y volver a dejarla en la percha.
Incluso con un sujetador, puedes entrar a una tienda, elegir talla, color, con aro o sin él. Irte al probador, quedarte como Dios te trajo al mundo y probártelo, mirarte con él, girarte, canturrear y reírte. Finalmente no lo coges, porque no te apetece, quizá otro día.
No pasa nada, son sólo cosas.
Si tan sólo con cosas puedes decidir cambiar de opinión en el último minuto, ¿cómo no vas a poder hacerlo con tu cuerpo?
Puedes cambiar de opinión.
¡Tú decides!

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