Con el alma cansada y la mente inquieta

Tengo el alma cansada y la mente inquieta.

Aunque pueda parecer una paradoja es la mejor definición de mi persona y mi ánimo. Por fuera podría parecer pusilánime o con el carácter templado, bien distinto a lo que siento por dentro, un fuego me recorre en ocasiones las entrañas para quemarme y brotar furibunda frente al primero que pase.
Me resulta curioso que personas allegadas a mí, no amigos cercanos, me cataloguen de seria y de tranquila. Supongo que tan sólo ven de mí una parte y no el conjunto completo. Me concome la duda de si soy yo la que proyecto esa imagen o bien son ellos los que no se molestan en tratar de conocer el resto. Por supuesto no es la primera vez que me dicen esta apreciación sobre mi persona y me siento bastante confusa por lo diferente que yo me considero y me conozco.
¿Será que yo misma no me conozco y quizá soy más tranquila y fría de lo que me creo?
o más bien ¿no será que mi mente no es tan visible como a mi me parece y esas llamas intensas se quedan en mis conexiones neuronales y resultan inapreciables para los demás?
Por eso es importante conocerse a sí mismo, no dudar de uno mismo, saberse escuchar y sentirse de vez en cuando, al menos unos minutos cada día.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las musas

No sé escribir

El cazo de Lorenzo